La historia recuerda, por su brevedad y lo intenso de la trama,.
Uno de los encantos de la vejez son las provocaciones que se permiten las amigas jóvenes que nos creen fuera de servicio.
Cuando llega la encuentra totalmente desnuda, sudando, acostada sobre la cama.Cuando la niña llegó, el anciano decidió contarle historias al oído, le regaló unos pendientes para su próxima cita.Descubrí, en fin, que el amor no es un estado del alma sino un signo del zodíaco.Después de eso, recuerda mencionar a un viejo amor con una joven mujer llamada Dulcinea, recuerda haber estado a punto de casarse pero como su relación no estaba del todo bien, nunca se concluyó.Usamos cookies propias y de terceros con fines publicitarios, de sesión, analíticas y de redes sociales.La sangre circulaba por sus venas con la fluidez de una canción que se ramificaba hasta los ámbitos más recónditos de su cuerpo y volvía al corazón purificada por el amor.Ella me respondió con vibraciones nuevas en cada pulgada de su piel, y en cada una encontré un calor distinto, un sabor propio, un gemido nuevo, y toda ella resonó por dentro con un arpegio y sus pezones se abrieron en flor sin tocarlos.El vínculo que se genera entre las personas va más allá de la buena empatía.Después le comenta que esa misma noche Delgadina había perdido la virginidad con un cliente, la encontró desnuda y sola, no pudo dejar pasar esa oportunidad.
La atracción, el deseo y el amor desatan un interesante relato, que en función de su propia narrativa permite contemplar otro faceta de los sentimientos humanos.
En su obra Memoria de mis putas tristes, el escritor colombiano hace un acercamiento entre el amor, el deseo y la pasión.
De carácter realista, el alejamiento del realismo mágico es total.
La trama gira en torno de un hombre, quien en vísperas de su vejez se da cuenta de que a su edad cada hora es un año y que nunca ha conocido el verdadero amor porque siempre ha sido imagenes de chicas no conocidas soltero y su único desahogo.
Cada persona lleva consigo un mundo lleno de experiencias, sueños e historias que conocerlas podría resultar una interesante hazaña.
A quien me lo pregunta le contesto siempre con la verdad: las putas no me dejaron tiempo para ser casado.Le comenta a dónde debe llegar para su encuentro con la niña.Me sentía tan feliz, que la besaba en los párpados, muy suave, y una noche ocurrió como una luz en el cielo: sonrió por primera vez.El sexo es el consuelo que uno tiene cuando no le alcanza el amor.Mientras Rosa busca el encargo, el anciano empieza a contar acerca de su vida, menciona que sobrevive gracias a un trabajo de columnista, su único objetivo es traducir un programa de radio a lengua indígena.La historia tiene comienzo con un hombre (anciano) que cumple 9 décadas de haber vivido.La joven le hace revivir un sentimiento que, fuera de los prejuicios sociales por la diferencia de edades, le permitió vivir uno de los momentos más sublimes.Al cabo de dos difíciles meses sin saber de ella, Rosa le marca y le comenta haber estado de vacaciones, necesitaba ocultarse un tiempo para pasar desapercibida de dicha situación.En resumidas cuentas, Memoria de mis putas tristes podría abrir la puerta para otras consideraciones en torno del llamado "sentimiento universal".El apego que generamos hacia una persona es el resultado de una dependencia por aquellas experiencias o situaciones en común que son perceptibles por medio de emociones, pensamientos y/o expectativas que nos unen aún más.





Es algo biológico, ya que desde su nacimiento una persona necesita crear una estrecha relación con algún adulto para sentirse seguro.
El premio Nobel de Literatura colombiano, Gabriel García Márquez, publicó en 2004 su última novela: Memoria de mis putas tristes, en la que relata una interesante historia de un hombre que, a sus 90 años, decide emprender una aventura amorosa con una joven virgen.

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